¿Y por qué no mejorar?
Los errores nos recuerdan que nunca debemos estar seguros de nada y que siempre podemos mejorar. Es verdad, podemos mejorar pero muchas veces no queremos. No queremos porque preferimos estancarnos en lo de siempre, ¿miedo a cambiar? Excusas para no salir adelante y poder verlo todo de otra manera, puedes mejorar sin cambiar lo que eras, lo que te gustaba, pero es más fácil encerrarse en una mentira, en fingir que todo va bien cuando en realidad se te está cayendo a pedazos el alma.
Y mi pregunta es: ¿Por qué somos tan valientes en nuestros pensamientos y tan cobardes en la realidad? Lo único que los separa de la realidad es algo físico, solo se trata de hacerlo, no es fácil ni díficil, lo único que se requiere es fuerza de voluntad, ¿pero y si la fuerza de voluntad no te acompaña, y si alguien se la llevó cuando se marchó de tu vida? He aprendido que no debes de forzar las cosas, cuando vengan vendrán, no hay más. Lo único que necesitas a veces es respaldarte en alguien al que aprecies y puedas confiar en él. Respáldate en la música, en la poesía, en el deporte, en la naturaleza o en ti mismo porque al fin y al cabo vas a convivir contigo mismo durante toda una vida. No importa cuántas veces te equivoques porque de eso se trata, de aprender. Si aprendes eres más cuidadoso con las cosas que antes te parecían insignificantes, eso te hará mejorar.
Día a día, minuto a minuto.
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